La sinceridad irresponsable de Kim Ki-du
La segunda jornada del Festival donostiarra ha ofrecido por la mañana la última y demoledora propuesta del realizador surcoreano Kim Ki-duk, que ya de entrada daba por hecho que no entraría en la disputa por la Concha, tal es radical la naturaleza de su último trabajo.
Amen, que es el título de la cinta, había generado una gran expectación como se ha demostrado con las salas abarrotadas en las dos sesiones matutinas. Expectación que a más de uno le ha dejado frío como el hielo. Y es que tras quince películas Kim Ki-duk ha decidido dar un giro de 180 grados para, según sus propias palabras, liberarse de la tiranía del sistema, de los espectadores y del capital, elementos todos ellos que coartaban y mediatizaban la sinceridad de sus propuestas.
A juicio del director coreano, el cine actual lleva demasiado accesorios y tiene mucho capital y pocos contenidos, así que de un plumazo decide desprenderse de todos ellos haciendo una película tan libre y sincera como irresponsable, a la medida de cualquier película que podría haber hecho cualquiera de los presentes. O eso es lo que parece querer decirnos.
Así pues, con un presupuesto reducido al precio de los billetes de tren, con la sola compañía de la actriz Kim Ye-Na y con recursos de guerrilla Kim Ki-duk lanza una arriesgada propuesta en la que pretende abordar 4 temas tan universales como el amor, la vida frente a la muerte, el mundo en que vivimos y el propio cine.
Kim Ye-na, actriz protagonista de Amen, último trabajo del realizador surcoreano Kim ki-duk / Photo Kris J.
Una propuesta formalmente suicida en la que el realizador nos incomoda en grado sumo con ese irritante ruido ambiente que el llama el “sonido de la vida” para hacernos entender que a través del sufrimiento el ser humano puede acercarse al sentido de la vida.
Un solo personaje concreto enfrentado a otro personaje abstracto, que oculto tras su grotesca máscara representa el miedo a la vida y a esas situaciones que no terminamos por aceptar.
No, aunque algunos pudieran pensarlo, no es una broma. Podría ser un manifiesto del “hágalo usted mismo” pero tampoco lo es. Se trata simplemente de una propuesta de diálogo con nuestros miedos. No serán muchos los que entiendan esta invitación. De hecho el propio director ha manifestado que ya es un premio que la película se haya pasado en el Festival y que difícilmente entrará en el mercado. Lástima, porque ha un servidor además de no aburrirle le ha dado bastante en qué pensar.
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