Palmarés de la 60ª edición del Zinemaldia. Cambio y corto

Juan Mayorga autor de la obra en que se inspira Dans la maison aplaude al director y guionista de la misma François Ozmon en la entrega de premios
Bueno, hacía mucho tiempo que una película no conseguía poner de acuerdo a crítica, prensa y público. Dans la maison (En la casa) lo ha conseguido por partida doble obteniendo la Concha de Oro a la mejor película y el al mejor guión. Miedo teníamos todos porque basta que una película guste para que el jurado opte y vire en favor de cualquier astracanada.
François Ozon, director y adaptador del guión de la gran ganadora de esta 60ª edición del Zinemaldia, generoso, quiso en todo momento tener a su lado al dramaturgo madrileño responsable del texto en que se inspira la cinta. Por cierto que el director supo de esta historia cuando acudió casualmente en Madrid a ver la obra de teatro en que se inspira, "El chico de la última fila".
Nada que decir tampoco del premio a la mejor fotografía que merecidamente fue a manos de Touraj Aslani por su impresionante trabajo en la devastadora película de Bahman Ghobadi, Rhino's Season. De hecho el celo del propio director le llevó a estar hasta las cinco de la mañana trabajando para tratar de corregir el etalonaje y el audio de los diálogos de la copia que había llegado a Donostia, no del todo perfecta según el realizador. Blancanieves también pudo presumir de una fotografía deliciosa pero obtuvo galardones quizás en categorías menos merecidas.
Me sorprendió el premio ex-aequo para la mejor actriz, compartido entre Katie Coseni (Foxfire) y Macarena Gómez, en particular la Concha de Plata otorgada a la protagonista de la Blancanieves torera de Pablo Berger, cuya encantadora fotogenia no se me antoja razón suficiente para tal galardón. Sinceramente discrepo y a parte de la prensa extranjera desagradó bastante.

Macarena Gómez apareció exultante ante la prensa tras recibir la Concha de Plata a la mejor actriz por su trabajo en Blancanieves
Lo de Pepe Sacristán se veía venir incluso antes de ver la película. A mi juicio aún siendo buena no era la mejor interpretación, así que lo entiendo más como un premio a una trayectoria. Agradeció sentidamente el premio en un vídeo y justificó su ausencia por estar en gira interpretando la obra "Yo soy Don Quijote de la Mancha".

Pepe Sacristán junto al director de El muerto y ser feliz, Javier Rebollo a la entrada del Kursaal el día de la presentación de la cinta.
La Concha de Plata al mejor director que fue a parar a manos de Fernando Trueba por su controvertida El artista y la modelo, fue discutida y desigualmente acogida entre los medios de prensa. Sinceramente no me parece injustificado este premio a pesar de que el guión tiene algunas asperezas que molestan.
En cualquier caso lo mejor de la comparecencia de los galardonados ante la prensa tras la ceremonia de entrega de premios lo ofreció el propio Trueba que además de estar ocurrente hizo un alegato a favor de la cultura y del cine. Apuntó que sólo cabe ser bruto o malvado para desdeñar el cine como se está haciendo. Especialmente ilustrativo estuvo cuando acertadamente explicó que viendo por ejemplo Nader y Simin, una separación, en hora y media se puede entender más de Irán que leyendo durante diez años todos lo artículos de prensa que se publiquen sobre el país persa.
En cualquier caso, como ya comentábamos días atrás siempre hay que mirar al palmarés con la relatividad propia de toda decisión de un grupo concreto de personas. La verdadera reválida estará en las salas de nuestros cines donde el público dará el último veredicto. Esperando que esta serie de crónicas rápidas les haya servido para tener al menos una semblanza somera de lo visto ahora es tiempo de que cada cual haga su propia elección. La verdad es que hay dónde elegir. 
PALMARÉS
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PREMIO ESPECIAL DEL JURADO
BLANCANIEVES, Pablo Berger (España-Francia)
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CONCHA DE PLATA AL MEJOR DIRECTOR
FERNANDO TRUEBA, EL ARTISTA Y LA MODELO (España)
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CONCHA DE PLATA A LA MEJOR ACTRIZ ex-aequo
MACARENA GARCÍA, BLANCANIEVES (España-Francia)
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CONCHA DE PLATA A LA MEJOR ACTRIZ ex-aequo
KATIE COSENI, FOXFIRE (Francia-Canada)
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CONCHA DE PLATA AL MEJOR ACTOR
JOSÉ SACRISTÁN, EL MUERTO Y SER FELIZ (España-Argentina-Francia)
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PREMIO DEL JURADO A LA MEJOR FOTOGRAFÍA
TOURAJ ASLANI, FASLE KARGADAN / RHINO SEASON (Turquía)
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PREMIO DEL JURADO AL MEJOR GUIÓN
FRANÇOIS OZON, DANS LA MAISON (Francia)
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MENCIÓN ESPECIAL DEL JURADO
THE ATTACK, Ziad Doueiri (Líbano-Francia-Qatar-Bélgica)
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PREMIO KUTXA NUEVOS DIRECTORES
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PREMIO KUTXA NUEVOS DIRECTORES
CARNE DE PERRO, Fernando Guzzoni (Chile-Francia-Alemania)
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MENCIÓN ESPECIAL
PARVIZ, Majid Barzegar (Irán)
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MENCIÓN ESPECIAL
EL LIMPIADOR, Adrián Saba (Perú)
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PREMIO HORIZONTES
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PREMIO HORIZONTES
EL ÚLTIMO ELVIS, Armando Bo (Argentina-EEUU)
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MENCIÓN ESPECIAL
ERA UMA VEZ EU, VERÔNICA / ONCE UPON A TIME WAS I, VERONICA, Marcelo Gomes (Brasil)
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MENCIÓN ESPECIAL
DESPUÉS DE LUCÍA, Michel Franco (México-Francia)
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PREMIO SERBITZU SARIA
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PREMIO SERBITZU SARIA
PURA VIDA, Pablo Iraburu, Migueltxo Molina (España)
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PREMIO DEL PÚBLICO SGAE-FUNDACIÓN AUTOR
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PREMIO DEL PÚBLICO SGAE-FUNDACIÓN AUTOR
THE SESSIONS, Ben Lewin (EEUU)
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PREMIO DEL PÚBLICO SGAE-FUNDACIÓN AUTOR. PREMIO PELÍCULA EUROPEA
THE ANGELS' SHARE, Ken Loach (Reino Unido-Francia-Bélgica-Italia)
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PREMIO EUSKALTEL DE LA JUVENTUD
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PREMIO EUSKALTEL DE LA JUVENTUD
7 CAJAS, Juan Carlos Maneglia, Tana Schémbori (Paraguay)
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PREMIOS XI ENCUENTRO INTERNACIONAL DE ESTUDIANTES DE CINE
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PREMIO PANAVISION
THE MASS OF MEN, Gabriel Gauchet (National Film and TV School, Reino Unido) Participación en el SHORT FILM CORNER del Festival de CANNES THE MASS OF MEN, Gabriel Ga uchet (National Film and TV School, Reino Unido) WEDDING DUET, Goran Mihailov (Universitatea Nationala de Arta Teatrala si Cinematografica“I.L. Caragiale”, Rumanía) I THINK THIS IS THE CLOSEST TO HOW THE FOOTAGE LOOKED, Yuval Hameiri and Michal Vaknin (Tel Aviv University, Israel) |
PREMIOS CINE EN CONSTRUCCIÓN 22
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PREMIO CINE EN CONSTRUCCIÓN DE LA INDUSTRIA
GLORIA, Sebastián Lelio (Chile)
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PREMIO NORTEADO
TANTA AGUA, Ana Guevara, Leticia Jorge (Uruguay-México-Holandal)
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PREMIOS CINE EN MOVIMIENTO 8
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PREMIO CINE EN CONSTRUCCIÓN DE LA INDUSTRIA
LE VEAU D’OR (THE GOLDEN CALF), Hassan Legzouli (Francia-Marruecos)
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MOUG (WAVES), Ahmed Nour (Egipto-Marruecos)
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OTROS PREMIOS
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PREMIO FIPRESCI
EL MUERTO Y SER FELIZ, Javier Rebollo (España-Argentina-Francia)
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PREMIO TVE OTRA MIRADA
SHESH PEAMIM / SIX ACTS, Jonathan Gurfinkel (Israel)
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PREMIO TVE OTRA MIRADA. MENCIÓN ESPECIAL
THE ATTACK, Ziad Doueiri (Líbano-Francia-Qatar-Bélgica)
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PREMIO SIGNIS
DÍAS DE PESCA, Carlos Sorin (Argentina)
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PREMIO DE LA ASOCIACIÓN DE DONANTES DE SANGRE DE GIPUZKOA, A LA SOLIDARIDAD / ELKARTASUN SARIA
LE CAPITAL, Costa Gravas (Francia)
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PREMIO SEBASTIANE 2012
JOVEN & ALOCADA, Marialy Rivas (Chile)
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Recta final del Zinemaldia
La huelga general del miércoles dejó al Zinemaldia con los servicio mínimos y una rocambolesca historia a cuenta de la copia del último trabajo del cineasta iraní Bahman Ghobadi, que según explicó al público en la propia sala llegó con alguna deficiencia en el etalonaje y en el sonido de los diálogos. Apenas se notaron las irregularidades, lo que sí se notó en Rhino Season /Fasle Kargadan es la profunda amargura del director por el exilio que sufre desde hace cuatro años y que vive como una auténtico cautiverio.

El celo de Bahman Ghobadi le llevó a disculparse por la calidad de la primera copia que fue corregida para las siguientes exhibiciones
Esta película concebida como una poesía visual desgarradora, más que contar nos sumerge emocionalmente en las tinieblas que acallaron la voz del poeta kurdo Sahel encarcelado y torturado por su pensamiento durante 30 años y que tras su liberalización vagará como alma en pena tratando de encontrar a su esposa, viva y muerta en vida. Una película "hecha para no morir", como manifestó el propio director ante el público, para el cual el cine es una medicina capaz de curar el espíritu enfermo. Un espíritu, el de Ghobadi, arrancado por la sinrazón de sus raíces y que sólo anhela volver a su tierra para reconstruir el país en libertad.
La película, expresión absoluta de la tristeza de Ghobadi por el destierro de las ideas, es tan bella como devastadora, y apenas deja un resquicio para la esperanza.

Monica Belluci afronta un difícil papel lejos de su estereotipo en Rhino Season la última y amarga cinta del director iraní Bahman Ghobadi
La reestructuración de la programación tras el día de huelga la hizo tan apretada que en la recta final hubo que ver no tanto lo que uno quería sino lo que podía. En general, quitando joyas dispersas en las secciones paralelas, como por ejemplo La demora de Rodrigo Plá o la magnífica Le Capital de Costa-Gravas no hubo demasiadas alegrías.
Me gustó en la sección de Nuevos Directores Draussen ist dommer (Summer Outside), de la directora Friederike Jehn, un retrato fiel e incisivo sobre las graves consecuencias que pueden tener los desencuentros y desavenencias de las parejas en los hijos. Un drama emocional familiar que se mueve en un desesperado esfuerzo por reconducir la desintegración de una familia aparentemente "feliz".
El jueves vino marcado por la presentación de una película de gran calado. Le Capital, de Costa-Gravas es una película fabulosa y necesaria que pone sobre la mesa con una maestría soberbia todas las miserias del gran capital y refleja como ninguna otra película lo hizo antes de manera tan nítida el inmiseriorde bandidaje de los mercados sobre la ciudadanía de a pie.
Magnífica película de suspense que muestra a las claras como el dinero ha terminado por erradicar la ética de nuestra sociedad haciendo que los gobiernos sean meros guiñoles que sólo atienden como perros fieles a los intereses de los ricos, que cada vez lo son más. Una llamada a la sociedad para movilizarse y exigir a los gobiernos que pongan freno y leyes que controlen la usura de los bancos y de quienes los controlan.
En ese sentido, Costa-Gravas añadió en la rueda de prensa que la casa de Europa se ha construido empezando por el tejado como si fuera un enorme supermercado en lugar de afianzar las bases de una unidad en lo político y lo social que someta a la economía a los principios de la ética. En definitiva, una película imprescindible en la coyuntura actual.

Costa Gravas, director de Le Capital bromea con Gad Ellmaleh protagonista principal de la película donde redondea un gran papel dando vida a un banquero sin escrúpulos
Ya a partir del Le Capital no hemos encontrado ninguna producción en concurso oficial que nos haya convencido. En nuevos directores, a pesar de mis esfuerzos, no entendí para nada la propuesta de Marçal Forés en Animals. Días de Pesca de Carlos Sorín, nítida y bonita pero sin demasiada sustancia pasó sin mucho ruido. El Atraco, de Eduard Cortés, no se sabe ciertamente qué pretende y bascula sin rumbo fijo entre la comedia y una velada intención de realismo crítico. Lástima que el buen trabajo del reparto encabezado por Guillermo Francella no pueda lucir en una historia que se pierde en la ambigüedad de intenciones.
Afortunadamente la sección de Perlas del Zabaltegi siempre es un valor fijo. En esta ocasión The Angels' Share, el último film de Ken Loach me sedujo por completo. Una historia ocurrente, fresca y divertida perfectamente cohesionada que combina un particular humor a la vez que incorpora una profunda crítica social. Ken Loach reclama en esta película el derecho que todos tenemos a una segunda oportunidad y lo hace de una manera tan original y desenfadada que se hace muy gratificante.
Volviendo a mis pequeñas decepciones una de ellas fue The Hypnotist. El director sueco asentado en los EEUU Lasse Hallström volvío a Suecia para rodar en casa con Lena Olin y probar por primera vez con un thriller. Aunque se agradece el intento de hacer un thriller diferente que busca vincularse a los personajes y a su personal drama familiar su experimento es un híbrido que hace aguas en un guión indigno de las notables interpretaciones de todo el reparto. Habrá que decir aquello de "zapatero a tus zapatos".
Io e te, (Tú y Yo) lo último de Bernardo Bertolucci tras diez años en el dique seco, me pilló en horas bajas así que no sería justo decir algo impropio. En cualquier caso otra cinta con un carisma muy especial en la creación del particular ambiente autista del joven protagonista que nos habla del escapismo de los jóvenes y de un gran sentimiento de soledad en una sociedad en franco estado de descomposición y deriva.
Cerró el festival, aunque aún aprovecharemos para rascar algo de última hora, Quartet (El cuarteto), el estreno de Dustin Hoffman en la dirección. Una vez más, flojísima película globalmente hablando que se sostiene únicamente en unas interpretaciones de solvencia con personajes bien construidos pero inmersos en un conjunto que aburre con una selección musical cansina por lo manida. Un guión sin apenas interés ni tensión narrativa que sucumbe en un final decepcionante.
Si lo que Dustin Hoffman pretende transmitir es que la vida de un artista nunca termina y que no estás muerto hasta que verdaderamente lo estás, personalmente creo que este particular asilo para músicos y cantantes retirados que recrea en la cinta no es el mejor decorado para dignificar la última etapa de un músico e incluso roza en algún momento la pura caricatura. Veremos lo que el público opina.
Y con esta acabo las crónicas de un Festival que nos permitió ver y comentar cine muy diverso con la pena de no poder seguir más que una pequeña parte de ese heterogéneo programa de más de 200 películas. Seguro que entre lo no visto hay también mucho talento, de la misma manera que entre lo visto también ha habido talento y dinero desperdiciado en historias vacías que no cuentan nada.
Una edición en búsqueda de ese glamour que se le reclamó a Rebordinos el pasado año y que ha venido respondido con un aluvión desmedido de premios.
Una edición, también, con muchas historias que nos han hablado de la amargura, la soledad y, lo que es más grave, de la desesperanza. Una llamada desde el arte que se está volviendo más político que nunca, porque no es sino fiel reflejo de una crisis global de modelos y de valores.
Ahora sólo falta el palmarés que a fin de cuentas no es más que una mera anécdota que recoge el gusto de unos cuantos señores y señoras. Lo importante es lo que sucederá después con el público porque ahora más que nunca el arte debe ser una herramienta de conocimiento, cultura y reflexión contra el pensamiento único y la enajenación.
Lo imposible hecho posible
Tras su exitoso paso por el Festival de Toronto había expectación por ver hasta dónde daba de sí este segundo largometraje del realizador barcelonés Juan Antonio Bayona (El Orfanato, 2007) que recrea la dramática aventura que vivió una familia española en Tailandia a consecuencia del tsunami que asoló todo el sudeste asiático en las Navidades de 2004. Y la verdad es que el film, con una dirección de Bayona muy sabedora de lo que se le pide, responde con creces a las expectativas, en el sentido de ser un producto que responde satisfactoriamente a los objetivos marcados. Y me explico.
The Impossible, no oculta su vocación de ser una película pertrechada al más puro estilo de los grandes estudios de Hollywood. Todos los elementos funcionan como un reloj suizo al son de los acordes y códigos que hicieron del cine la gran industria del entertainement. Todo es previsible pero no por ello deja de funcionar en el espectador. O quizás por eso mismo, funciona.
No es el discurso aristotélicamente programado ni el melodrama proclive a la explotación de las debilidades de nuestro lado más sensible el terreno que más me subyugue pero el público amigo de dejarse hacer en las distancias cortas de las emociones encontrará razones para despacharse a gusto con el pañuelo a la cuenta de esta historia épica de supervivencia levantada con un realismo que, sin huir de lo explícito cuando es menester, pone los pelos de punta al más pintado en estas lides.
Un casting de niños acertadísimo, espectacular el joven británico Tom Holland, rematado por una aseada interpretación de Ewan MacGregor y una sobresaliente Naomi Watts, con digna presencia también de la donostiarra Marta Etura, sirven para transmitirnos al hilo del guión firmado por Sergio G. Sánchez todo ese inmenso drama humano, mezcla de caos, muerte, desolación y gestos de entrega altruista, que deviene con desastres naturales devastadores como el que nos ocupa y cuya naturaleza apenas logra traspasar la asepsia clínica de los noticiarios.
Es precisamente esa otra lectura de corte documental la que aporta otra dimensión al drama personal que nutre el hilo argumental. Unos efectos especiales y una dirección de arte espectacular, y que suponen un reto técnico sin precedentes en el cine español, logran, más allá de las licencias cinematográficas, transmitirnos con un realismo escalofriante la odisea que supone ser devastado por una ola gigante con todo lujo de detalles.
Si algo demuestra esta película es que el cine español es capaz de hacer grande producciones de calidad al más genuino estilo de los grandes estudios. Y más aún, es capaz de hacerlo con un presupuesto de 30 millones cuando en USA no lo hubieran hecho por debajo de los 150. Un presupuesto apañadísimo para 25 semanas de rodaje, secuencias que incorporan más de 60 sets diferentes, efectos especiales espectaculares y más de 8.000 extras en pantalla.
Tampoco quisiera cerrar esta reseña sin hacer mención a la hermosa partitura que nos ha regalado el autor de la banda sonora, un cada vez más grande Fernando Velázquez, que ha contado al igual que sucediera en El Orfanato con las magníficas voces del coro vasco KUP taldea. Melancólica, delicada, o exultante, la música del compositor getxotarra, quizás con más protagonismo que en El Orfanato, hilvana astutamente la trama en complicidad total con el afán del director por llevar (algún otro diría manipular) nuestras emociones a su antojo. ¿Pero qué sería del cine si no emocionara?
Zinemaldia dominical
Finalmente el domingo madrugó con una película de esas que te gusta poder recomendar a los amigos. Hablo de Dans la maison (En la casa) del director francés François Ozon. Una espléndida película que reivindica la necesidad en el mundo actual de imaginar y del derecho a sentirnos todos como el Sultán de Sherezade.
Conducida por un fantástico guión inspirado en la obra teatral “El último de la fila” del dramaturgo español Juan Mayorga Premio Nacional de Teatro en el 2007, Dans la maison empieza como un juego entre profesor y alumno y acaba siendo una experiencia interactiva con el espectador donde todo tiene cabida y se dan cita el thriller, el melodrama y el suspense.
La cinta de François Ozon logra atrapar el espíritu de la obra teatral y lo traslada a la pantalla donde surge una tensión mágica y productiva entre imagen y literatura que genera una serie de turbulencias creativas que desvelarán, como reconociera el propio dramaturgo, cosas que el mismo desconocía.
La cinta, que de alguna manera, rinde homenaje a la abnegada tarea de los docentes, logra hacernos contener el aliento desde el primer instante a la vez que consigue involucrarnos de tal manera que nos invita a ser partícipes creadores y críticos de la propia película, a coescribir nuestro propio guión según transcurre.
Dans la maison presenta clase y escuela como dos ámbitos fundamentales de la formación y de la existencia del individuo y plantea la escuela como un espacio de resistencia capaz de hacer frente a la homogeneización de la cultura y la enseñanza. La escuela no debe ser el lugar donde una generación domine a la otra sino un espacio de encuentro entre generaciones donde se sea posible un enriquecimiento mutuo, como sucede con los protagonistas de esta cinta.
Pero esta película además de invitarnos a la reflexión es sobre todo imaginativa, lúdica y divertida, y plantea un cine que no trata al espectador como un mero consumidor al que saciar de ansias que el propio cine genera previamente. Nos propone salir de la sala siendo hombres y mujeres pensantes y este respeto bien merece una consideración.
También el domingo entró la tercera y última película española en competición en la sección oficial. El artista y la modelo de Fernando Trueba se esperaba con cierta expectación aunque a tenor de lo mucho que se revolvieron algunos en sus asientos parece que no gustó a todos por igual. Hubo a quien le pareció plana y morosa gratuitamente. A un servidor le atrapó, le entretuvo y le aportó sensaciones serenas y placenteras compartiendo las razones de la tensión en el proceso creativo en el arte y la búsqueda errática y pausada de la idea redonda que todo artista persigue. Toda una reivindicación en favor de la lentitud y de tomar el tiempo preciso para cada cosa, así como por el encuentro del placer en el esfuerzo.
También tuvimos ocasión en la jornada dominical de asistir a la primicia mundial en su versión integral de la película en su adaptación televisiva de As linhas de Torres, una cinta que aborda un episodio histórico bastante desconocido como fue el fallido intento de las tropas francesas de Napoleón de conquistar Portugal en 1810. La película que, aunque ideada por el malogrado realizador portugués Raúl Ruiz, ha sido realizada por su viuda, la también sobresaliente directora Valeria Sarmiento, no sólo nos ilustra sobre las circunstancias bélicas de este lamentable y soterrado capítulo de la historia europea sino que subraya la tragedia humana y la devastación que supuso esta contienda para todo el norte lusitano.
Sábado de luces y sombras en el Zinemaldia
La jornada del sábado del Zinemaldia obsequió una delicatessen a los melómanos cinéfilos con la anunciada presentación por parte de la Orquesta Sinfónica de Euskadi y el grupo vocal KUP taldea de la banda sonora de Lo imposible, a la que acompañaron las de El orfanato y del cortometraje El hombre esponja, bajo la dirección del autor de todas ellas, Fernando Velázquez. La partitura para concierto de estas bandas demostró que la buena música de cine ofrece momentos deliciosos también de manera autónoma. Remató el concierto un extracto de una zarzuela tan nuestra como la de El caserío de Guridi, en un contexto que nos hizo replantear sus posibilidades como música de cine.

Fernando Velázquez en primer plano presto a dirigir a la OSE y a KUP taldea en el concierto de la banda sonora de Lo imposible
Por lo demás la jornada en lo estrictamente cinematográfico tuvo luces y sombras. En la sección oficial, poca cosa. La segunda película española en liza, El muerto y ser feliz de Javier Rebollo, no consiguió convencerme en ningún momento a pesar de la notable interpretación de Pepe Sacristán en el papel de asesino a sueldo en su últimas horas. Una road movie que, como anuncia la sinopsis, no nos lleva a ningún sitio, pero en el sentido literal de la expresión. Algo de humor absurdo y negro con la voz en off más insidiosa, inútil que recuerdo en mucho tiempo. Una tortura.
Fuera de la sección oficial se pudieron ver cosas más apetecibles. Por ejemplo, En "Zabaltegi Perlas" la mexicana No, de Pablo Larrain gustó mucho y de paso nos dio muchas pistas desde la experiencia de transición en Chile para elaborar un mapa de ruta, como se dice ahora, que nos ayude a superar el conflicto de la violencia que hemos vivido en Euskadi a través de un planteamiento renovador e imaginativo que mire más hacia el futuro que hacia el pasado.
En "Horizontes Latinos" disfrutamos con una meritoria Joven y Alocada de la directora chilena Marialys Rivas. Audaz , fresca y ágil, convenció con una interpretación tan difícil y exigente como bien resuelta por parte de su joven actriz protagonista, Alicia Rodríguez.
En la misma sección se presentó la última película del mexicano Carlos Reygadas. Al parecer, mi expectación no era compartida por el resto ya que por primera vez en lo que va de Festival me ahorré hacer cola. La hora (14:00) no ayudaba y, la verdad, la cinta tampoco demasiado. Post Tenebras Lux es un ejercicio muy personal del director mexicano que nos exige un gran esfuerzo para poder comprender su particular universo interior. Escenas sugerentes, sorprendentes, surrealistas,... a modo de piezas inconexas de un enorme puzzle que el espectador trata inútilmente de acomodarlas desprovisto de códigos inteligibles.
Comienzo espectante del Zinemaldia
Con una fila kilométrica que a la postre ha servido para abarrotar las sala 1 del Kursaal en el pase matutino para la prensa (más invitados que prensa diría yo) ha comenzado esta 60ª edición del Zinemaldia. La elegida para abrir fuego era Arbitrage (Fraude) opera prima del escritor Nicholas Jarecki que venía bien protegida por los siempre mediáticos Susan Sarandon y Richard Gere, que se han llevado toda la atención de este primer envite y que en la rueda de prensa han aprovechado incluso para hacer campaña por los demócratas "que son los que se preocupan de cómo cuidar a los pobres" mientras que los republicanos "sólo piensan en el dinero" .
La cinta, con el mundo financiero como oportuno telón de fondo, sustentada en un sólido guión marcado por el suspense y en unas interpretaciones de extrema solvencia logra mayormente entretener al espectador abordando un tema que ahora más que nunca entendemos que nos involucra a todos.
Richard Gere opta por interpretar al personaje principal no sólo como el malo de la película sino atendiendo a su condición de ser humano, con sus virtudes y defectos, dando pie al intérprete a expresar una gama enorme de emociones. Un ganador que parece estar cerrando el último trato, al cual estimula no tanto la obtención de dinero como el juego adictivo del poder. A su lado el personaje de Susan Sarandon se erige como la voz moral de la película, sirviendo de nexo entre la vorágine laboral y la familia cuya desintegración, a diferencia de otros thrillers del estilo, forma parte de pleno derecho de esta ecuación cinematográfica.
En suma, parafraseando al propio Gere una película-película (o sea muy americana) en la que vemos a las claras que la corrupción campa por doquier, los apaños están a la orden del día y el sistema judicial en lugar de enchironar a los ladrones les premia aupándoles a puestos de honor en los gobiernos. Nada nuevo.
Mucho más gratificantes han sido las dos cintas que hemos podido ver en la sección de Perlas del Zabaltegi. Ya al mediodía hemos disfrutado con Beasts of the Southern Wild (Bestias del sur salvaje) de Benh Zeitlin, una fábula onírica que tomando como referente alegórico los terrenos inundables de Louisiana nos hacen soñar con una sociedad rebelde que reniegue de la falsa seguridad del sistema y opte por un mundo, quizás más incómodo, pero elegido en libertad.
Tras un tentempié necesario la tarde ha despuntado con Amour de Michael Haneke, sin duda lo mejor del día para un servidor aunque auténtica dinamita para los pollos. Con una sutileza que penetra como el acero desvelando nuestras miserias Haneke nos planta sin ahorrar nada frente al deterioro físico, la enfermedad y la muerte cuestionándonos sobre nuestra forma de proceder ante su presencia. Soberbia película donde el amor se expresa en una dimensión plena y puede escribirse verdaderamente con auténticas letras mayúsculas.
La segunda película que ha entrado en la competición oficial ha sido precisamente la particular Blancanieves del director bilbaíno Pablo Berger. Meritorio intento de exploración en la revisión de las posibilidades del lenguaje del cine mudo en blanco y negro que toma como punto de partida el conocido cuento de los hermanos Grimm pero que difícilmente puede entenderse simplemente como una versión gótica de la célebre fábula.
Todo el imaginario más castizo de lo español, con toda suerte de toreros, flamenquitos, enanitos toreros y peinetas, para contextualizar esta recreación muy desigual, que alcanza sus momentos más interesantes cuando la cinta se viste de transgresora y abunda con ironía en lo grotesco y en la sátira, y que sin embargo embarranca cuando transita en la simple emulación del cuento original alimentándose de obviedades y subrayados superfluos (dígase por ejemplo la manzana de la discordia).
Si la factura en blanco y negro al estilo de los años veinte es una simple anécdota, según ha apuntado el director, y si lo importante en esta cinta es la historia, el viaje y la emoción, tengo muchas dudas sobre si el objetivo está conseguido. Me ha encantado sin embargo la fuerza interpretativa de Ángela Molina y el cambio de registro de una Maribel Verdú, casi siempre sufridora, y que en este caso hace impecablemente de mala malísima.
Así pues, la visión romántica de este cuento gótico que ha tenido que lidiar simultáneamente con otras dos versiones de Blancanieves y la reconocida The Artist, se muestra irregular, con excesivos altibajos, con un guión fluctuante que se desparrama en demasiadas direcciones, una banda sonora no siempre acertada y una fotografía deliciosa. A un servidor le hizo reír por momentos, pero emocionar lo que se dice emocionar, na de na. Pero no me hagan ustedes mucho caso porque en la rueda de prensa todo el mundo parecía encantado.
Informe a las dos y treinta y siete de la mañana / Dersu Uzala de Akira Kurosawa
Todo está bien. La comida de mañana se descongela en el frigorífico; los tres cigarrillos que ha dejado Ray encima de la mesa de mármol, el humo denso de la amistad que en el fondo no reclama nada salvo lo que realmente importa, el humo denso que flota dividiendo en dos la habitación.
Ray y yo podríamos cantar y beber sin límite pero ahora no hay nadie en mi casa; no hay nadie en la calle, sin embargo parece como si aún continuara habiendo gente por aquí, avanzando entre las franjas oscuras del tigre, arrastrando sus pies por un inmenso banco de arena.
Derzu Uzala es una película que Akira Kurosawa filmó en 1975 entre la naturaleza salvaje de los bosques que recorrieron Dersu y Vladimir Arseniev, tal y como narra el propio Arseniev en la novela que da título a la película. Dersu es un cazador nómada de la tribu china de los Hezhen. Vive solo con la compañía de un tigre. El tigre es como un reloj de arena que camina elegante. Una a una las balas de Dersu baten al tigre y al derribarlo caen en el fondo de un mismo banco de arena. Es inútil disparar contra un reloj. Aun así, disparar es lo propio de hombres como Dersu.
Arseniev, un oficial del ejército ruso, tiene la misión de topografiar la taiga. En el fondo esta es una misión romántica porque contempla la derrota. Una misión que bien podría haber recogido Rafael Argullol en su Atracción del abismo, junto a la obra de Gaspar Friederich o de Turner. La derrota ronda a Arseniev y los suyos.
Los militares avanzan por entre la maleza arrastrando su equipo. Se encuentran en el bosque con el pequeño cazador. Dersu es capaz de disparar al cordel que sujeta una botella balanceándose en el aire a más de diez metros, podría hacer una cabaña resistente con la única ayuda de unas briznas de paja y un cartabón. A Dersu lo vencerá el mismo tigre que ya ha matado varias veces. Acaba por rematarlo la pena de vivir entre hombres tan alejados de los tigres. Hombres que cuando tienen frío no cogen un hacha para calentarse. Arseniev vivirá para contarlo. Nada sabemos de la muerte del pobre Arseniev. Sólo sabemos que ambos eran buenos amigos.
Si pensara que Dersu Uzala es una película triste sería como pensar que el orden de las constelaciones es triste. El orden de las constelaciones está sujeto a una mecánica amorosa salvaje; todo lo contrario a la tristeza.
"As I sat sadly by her side" de Nick Cave and the bad seeds habla del orden de las constelaciones:
Recuerdo que alguna vez hablé de esa canción con el gran Daniel Triñanes. Juntos sentimos el poder y la atracción de esa mecánica. Algo que te atraviesa la espalda. Hoy también lo hemos hecho. En este momento “Hoy” significa ya hace más de tres años. Pero para mí continúa siendo hoy. Hace más de tres años ya no estaba Dani. Había una chica. La chica me volvió loco. Entonces la belleza. La sonrisa por todas partes: En los ojos y en la boca, en la blusa blanca y en la chaqueta oscura que ceñía los hombros, en las palabras:
"...earth and moon and sun and stars. Planets and comets with tails blazing. All are there forever falling. Falling lovely and amazing..." (La Tierra y la Luna y..., el Sol y las estrellas y..., los planetas y los cometas, con sus estelas flameantes, todos están allí, cayendo, en una caída hermosa y sorprendente)
Entonces alzando los ojos de la hierba ella me preguntó: ¿Por qué?
Sentí rápidamente que había que dejarlo ahí. La pregunta. Los ojos. La boca. La blusa blanca. Detrás de la blusa blanca el pecho. Tras el pecho, la pregunta. Pero sobre todas las cosas: imaginar el pecho, imaginar a Dersu Uzala apuntando a más diez metros un cordel que se balancea y que alcanza en el centro.
Camino por la casa con una sola zapatilla. No sonrío pero no estoy triste. Me fijo un instante en las líneas oscuras del tigre; sé que desde ese camino puedo llegar a la misma pregunta: ¿Por qué? y, entonces, quizá, encontrarme allí de nuevo.
Javi Arbulu
Incendies, de Denis Villeneuve
“Una chispa en el desierto es un incendio”. Alguien dijo ayer esa frase. No sé si fue Pascal Quignard en su espléndido "Butes" o si lo escuché de boca de algún pasajero de la niebla en La mirada de Ulises, la película de Theo Angelopoulos, o si ya entrada la noche lo pensé frente al escaparate de la librería Zuhaitza de Llodio después de haber perdido un tren, un metro y un autobús en el regreso imposible a mi ciudad y a mi cama. Lo único que sé con seguridad es que la librería Zuhaitza tiene algo que ver con esa frase. No sé por qué. Tampoco me vuelve loco conocerlo y no quiero hablar de por qué se da. Me conformo con contar que se da y tratar de explicar brevemente cómo se da. Me contento con contemplar cómo para mí esa frase mantiene una relación más profunda con la librería Zuhaitza de lo que la mantiene con "Butes" o con la película de Angelopoulos; con las que, por otra parte, guarda una estrecha relación.
Lo único que sé y lo único que me importa saber es que tras haber perdido un tren, un metro y un autobús conseguí encontrarme frente a los cristales del escaparate de la librería Zuhaitza y de alguna manera eso acabó conduciéndome hasta la frase. Eso y no otra cosa, después de todo, es lo verdaderamente importante. No salimos de la estación de tren y cruzamos muy erguidos y apretados los adoquines que chorreaban y alcanzamos dando largas zancadas el escaparate de la librería Zuhaitza porque buscáramos un refugio. No necesitábamos un refugio. Teníamos un paraguas y la lluvia caía amablemente. Paramos frente al escaparate de la librería Zuhaitza sin razón aparente, pero paramos precisamente allí, en la librería Zuhaitza y en ningún otro lugar. Lo que recuerdo con claridad es que el tiempo que estuve allí, frente al escaparate de la librería Zuhaitza, fui muy feliz porque, curiosamente y a pesar de todo, estaba en paz. Por eso pienso que debió de ser allí mismo donde me vino a la cabeza esa frase, aunque no consigo recordar si se la leí a Quignard o si me lo dijo alguno de los fugitivos de La mirada de Ulises.
Supongo que la librería Zuhaitza me hizo pensar en Igor Arzuaga y pensar en Igor Arzuaga debió de llevarme a los incendios. Y ya no sentí tanto frío, porque era una noche de lluvia y frío entre las callejas y los adoquines mojados de Llodio (aunque en el fondo eso da igual, podría haber sido una tarde de sol, o una tarde gris, como muchas de las tardes de Llodio) y ya no sentí tanto el peso de los horarios de los trenes y los metros y los autobuses hacia los que habíamos corrido inútilmente porque después de todo pude pararme y pensar en los incendios frente a aquel escaparate; y los incendios, al contrario que los horarios de los trenes, los metros y los autobuses, no pesan, son livianos y todo lo vuelven más ligero, como pluma de gorrión.
El caso es que eso fue lo que escuché o lo que hoy me parece haber escuchado y, también, continuar escuchando hoy bajo esta nieve que cae Mara mara (Igor Arzuaga & Luis Vil). Referencias que se agolpan, algo de cine, algo de música. Porque voy a tratar de hablar de Incendies de Denis Villeneuve pero lo voy a hacer sintiendo al mismo tiempo las imágenes cruzadas de La mirada de Ulises y de la librería Zuhaitza que la madre de Igor Arzuaga tiene en la Avenida Nervión nº 2 de la noche de Llodio y donde me han dicho que entre libros, papeles, juguetes y recuerdos de Euskal Herria con un poco de suerte uno puede encontrarse allí con ese otro incendio espléndido que es Igor Arzuaga. -
¿Qué hace por aquí ese otro incendio espléndido que es Igor Arzuaga?-eso y no otra cosa es lo que debí preguntarme-. ¿Cómo pasa las mañanas? o ¿cómo se mueve entre los diferentes estantes?; si coge algún libro o si dibuja, revisa el acordeón o se hurga en la nariz ese otro incendio espléndido que es Igor Arzuaga?
Supongo que eso es lo que debí preguntarme porque la verdad es que no recuerdo qué es lo que pensaba en aquellos momentos sino es en aquella frase de la que os hablaba al comienzo. Pero, - ¿quién había dicho esa frase?, eso es lo que en estos momentos estoy preguntándome y al mismo tiempo soy consciente de que conseguir desvelar quién había dicho la frase en cuestión no tiene la menor importancia; lo verdaderamente importante es que la frase estaba allí mismo, frente al escaparate de la librería Zuhaitza. De algún modo era algo cierto, una realidad incontestable a la que yo estaba cogido con todas mis fuerzas. No hubo nada más real ese día, ni los días que lo precedieron. Ni siquiera hay nada más real ahora mismo. Por eso en el fondo me da algo de miedo engañaros y terminar contando una historia que no habla de Incendies de Denis Villeneuve; una historia que ni siquiera hable de Mara o de La mirada de Ulises porque es muy probable que esta historia no vaya a hablar de nada diferente al periplo de un hombre que llega hasta un escaparate o, mejor, la historia de un hombre frente al escaparate de la librería Zuhaitza de la Avenida Nervión nº 2 de la noche de Llodio.
Pero lo cierto es que esto es lo más real que tengo y todo lo demás no son sino fuegos artificiales, los restos, la ceniza que vuela después del incendio. Ideas y argumentos más o menos pertinentes. Pero sólo un hombre que una noche de lluvia llega a un escaparate. Eso es lo que tengo que contaros y nada más a parte de eso. ¿Para qué sirve? Para nada. No hay nada que buscar aquí. Un hombre y un escaparate. El escaparate devuelve la imagen de un hombre, un paraguas y una mujer.
No hay más. No se lleven a engaño. Nada más y nada menos que una imagen. Pero existen imágenes que pueden abismarnos como el fuego y el agua abismaron a Nawal, a Igor y a Butes, o como la música y las películas que son hijas del fuego y del agua pudieron abismar a Butes, a Igor y a A., o como me abisma a mí mismo durante un instante, y quién sabe si para siempre, la imagen que me devuelve el escaparate de la librería Zuhaitza, que no es el reflejo en el escaparate de un hombre, un paraguas y una mujer, sino la figura de Igor Arzuaga caminando por su interior, moviéndose apaciblemente tras el cristal, pensando en “Begira ezazu” o en el “corredor es un perro
que ama” o en los paisajes arrancados a un círculo cromático infantil y salvaje. Pensando en Brecht y Kurt Weill, pensando, quizá, en sus propios incendios.
Porque la historia nos muestra que algunos hombres y mujeres pueden verse arrebatados durante un instante y para siempre por el fuego o por el agua. Al igual que en Incendies de Denis Villeneuve asistimos al encuentro con esa mujer que tuvo que ver cómo se apagaban los gritos de aquella otra mujer, que había sido su compañera de viaje, bajo las llamas de un autobús ardiendo; y tuvo que ver también, para su desgracia y para la desgracia de todos los que iban a ser los suyos, cómo los gritos vivos de la hija de aquella otra mujer, que había sido su compañera de viaje, volvían corriendo a los brazos ardientes y a los gritos ardientes de su madre para acabar consumiéndose juntos y unidos en un mismo grito; y al tener que verlo, esta mujer, tuvo también que vivir hasta el final de sus días para cumplir con ello y así cumplir con su propio incendio lentamente. Una imagen imperecedera, fija en la retina.
O como en aquella otra historia que me contaron donde un chico se emboza para rendir cuentas con su papel en la Historia tiñendo del rojo más vivo los hangares de la estación de ferrocarril de su pueblo y luego, cuando toca correr y esconderse, permanece asido al resplandor que lo ilumina todo y acaba por unirlo al todo al verse él mismo iluminado en el incendio. No se mueve. No puede moverse. Se queda ahí parado frente al incendio. Una imagen imborrable.
O como Butes que desecha el canto humano, ordenado y ordenante, de la cítara de Orfeo, y deja su remo y se lanza al agua desde el navío Argos mientras su corazón arde por escuchar, por quemarse con el canto animal, continuo y primitivo de las sirenas y ya no puede ver al resto de los argonautas que rema y rema tratando de ponerse a salvo de esa llama(ra)da porque ya sólo ve el horizonte del que sabe que proviene ese canto.
Y os engaño, porque pienso en todo ello, pero no es en ello en lo que realmente estoy pensando porque la verdad es que no sé en qué estoy pensando. Podría decir que pienso sobre todo en una pregunta que me deja Incendies de Denis Villeneuve, una pregunta que bien podría abismarme: ¿Cuál es la razón por la que esa mujer, Nawal, que tuvo que ver cómo se apagaban los gritos de aquella otra mujer que fue su compañera de viaje, cuando llega el momento de su muerte, decide dejar en las manos de sus hijos el cumplimiento de una vieja promesa y el conocimiento y herencia de una vieja deuda?
Pero eso no sería del todo cierto. Ese pensamiento es un pensamiento que me impongo para tratar de dar alguna explicación a lo que en realidad desconozco. No conozco ni siquiera la pregunta adecuada. No hay quizá verdaderamente una pregunta adecuada para mí o no encuentro esa pregunta. Porque de la otra pregunta, de la pregunta que, ahora sí, estoy convencido, no es la verdadera pregunta, podría decir que encuentro algo que me abisma pero, en realidad, no puede abismarme porque me parece que incluso puedo conocer la respuesta. Podría decir entonces que lo que abisma no es precisamente no conocer la respuesta, porque creo que conozco la respuesta; lo que abisma es conocer la respuesta y sin embargo contemplar al mismo tiempo cómo la pregunta continúa abierta, resplandeciendo, iluminándolo todo y al mismo tiempo incendiándolo todo. Y entonces estaría engañándoos y pensaría en otras preguntas para continuar con el engaño.
Estas otras preguntas podrían adoptar una forma no muy distinta a la de las preguntas que siguen a continuación: ¿Por qué no dejar que el incendio se consuma en nuestro propio cuerpo? ¿Por qué tocar con nuestra llama el cuerpo de quienes amamos? ¿Por qué no reconocemos los límites entre aquello que debe conocerse y aquello que nunca debería haberse conocido?
Y si uno ha tenido la imprudencia de franquear esa frontera, o si uno ha tenido la desgracia de ver cómo se le abría esa frontera, ¿por qué hacer que toque con nuestra llama el cuerpo de quienes viven ajenos a ese conocimiento? ¿Por qué creemos que los demás deben conocer lo que nosotros sabemos a nuestro pesar? ¿Es que estos niñitos estaban ya tocados por esa misma llama? Y en el caso de que lo estuvieran, ¿es que sus vidas no habrían sido mejores sin haber estado en disposición de ese conocimiento?
Pero os estaría engañando de nuevo porque ninguna de estas preguntas, que, tal vez, puedan ser pertinentes, es la verdadera pregunta. No hay para mí una pregunta realmente. Hay sólo la noche de Llodio y el escaparate de la librería Zuhaitza en la Avenida del Nervión nº 2. Y puedo creer que aquella noche frente al escaparate de la librería Zuhaitza pensé en cómo ese chico contemplaba el incendio parado ahí, inmóvil, con media bota hundida en el légamo, o cómo esa mujer advierte en un instante lo que será de ella el resto de su vida porque comprende que desde ese preciso momento y para siempre su presente será pura memoria y la memoria un hatillo de zarzas y sarmientos ardientes. O puedo conformarme y creer que frente al escaparate de la librería Zuhaitza pensaba en el momento en que ese hombre que salta de la nave de los argonautas descubre cómo la fuerza de sus brazos y la resistencia del agua se acompasan, y puede ver con claridad el salitre golpeándolo en los ojos, y no alcanza a ver nada más que eso pero comprende que ése, y no otro es su horizonte y nada con fuerza hacia él.
Porque desde ese momento ese va a ser el horizonte de todos ellos. Porque una chispa en el desierto es un incendio y tras el incendio el fuego es el único horizonte posible.
Porque al revelar ese conocimiento la madre busca que permanezcan juntos pero a veces parece mejor librar a quienes amamos de nuestra suerte: consumirnos en nuestro propio fuego, nadar solos hacia la isla de las sirenas mientras los otros reman y reman para ponerse a salvo, porque algunos horizontes no pueden ser compartidos. Os diría todo esto, os daría esta especie de respuesta para que continuarais amándome mientras el tiempo va consumiéndose amablemente pero no dejaría de ser una respuesta de mentira frente a la realidad contundente de la imagen que me devuelve el escaparate, lejos y cerca del incendio.


































































